Reseña de la charla Cómo enfrentar la nueva Edad Media impartida por Miguel Luis González

Se ha presentado en la sede de Nueva Acrópolis en Alicante, la charla titulada “Cómo enfrentar la Nueva Edad Media” a cargo de Miguel Luis González, instructor de filosofía.

Miguel Luis González ha comenzado su disertación haciendo referencia a numerosos estudios y ensayos realizados por reconocidos historiadores, filósofos y especialistas de diversas ramas del conocimiento, como, por ejemplo, Nicolás Berdiaeff, Roberto Vacca, Umberto Eco, Ortega y Gasset, J. A. Livraga, J. Alvarado Planas, entre otros. Las personalidades citadas coinciden en sus estudios en que la humanidad se encuentra en un período histórico asimilable a una edad media.

Una edad media es un ciclo natural en la historia de las civilizaciones en el cual se produce la decadencia generalizada de, prácticamente, todos los aspectos de las mismas. Después de un tiempo de esplendor adviene una especie de relajación o de fatiga civilizatoria que se traduce en una falta de ambición y de entusiasmo social, desaparecen los grandes genios, no hay un ambiente propicio para el surgimiento de las mentes preclaras y los logros conquistados en los distintos ámbitos se pierden. Otra de las características infaltables en las caídas civilizatorias es la pérdida de valores éticos y morales atemporales, como la honradez, la generosidad o el altruismo.

Luego de hacer una larga lista de los síntomas de la edad media, Miguel Luis González explicaba que algunos historiadores consideran que el comienzo de esta etapa se podría establecer en el siglo XVII cuando Descartes propuso la separación de la filosofía y la ciencia como ramas del saber independientes, lo cual trajo aparejado un cambio de mentalidad que fomentó el materialismo y el positivismo en el que actualmente aún nos hallamos inmersos. Sin embargo, otros historiadores consideran que la decadencia comienza después de la segunda guerra mundial.

No obstante, nos explicaba el ponente, siempre queda un germen que tiene la potencialidad de iniciar un proceso que puede revertir la caída. Ese germen podría estar en cada uno de nosotros, porque a nivel individual deberíamos aprender a conocernos a nosotros mismos, a respetar a los demás, a colaborar con la sociedad, a desarrollar las capacidades personales y a cultivar las virtudes. En definitiva, se trata de un problema de educación que si se consiguiera hacer a gran escala conduciría a una evolución de la consciencia individual y colectiva, o como decía Ortega y Gasset, se podría construir un «sugestivo proyecto de vida en común».

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